Niños que escuchan

Lograr que los niños escuchen las instrucciones y la sabiduría de los adultos puede ser todo un reto.

Como madre, he aprendido que mis hijas me siguen más cuando se sienten seguras emocional y físicamente.

Como maestro, he descubierto que es necesario que exista un vínculo similar de confianza para que los alumnos me escuchen y pongan en práctica lo que les enseño.

Hay que convencerlos de que realmente estoy a su favor y no en su contra.

Si estás leyendo esto, probablemente no te sean ajenas las frustraciones que surgen al lidiar con niños que no quieren escucharte.

No quieren recibir la sabiduría que tú tienes.

Prefieren hacerlo a su manera, aunque su manera sea incorrecta o destructiva.

Seamos sinceros, ¡esto puede molestarnos bastante a los adultos! Especialmente cuando sabemos que podríamos ayudar a nuestros hijos a evitar tener que pasar por ciertas experiencias.

Pero hay buenas noticias. Cuando pienso en Dios como Padre, recuerdo que Él es fiel, amoroso y consolador.

Él siempre está a favor de sus hijos. No en contra de ellos.

Es simplemente un buen, buen Padre.

Sin duda, ha sido Su bondad hacia mí (cuando he metido la pata mil veces) lo que me ha dado el valor para obedecerle. Sé que Dios realmente me respalda y desea lo mejor para mí. Lo he visto una y otra vez a lo largo de mi vida.

Por eso, he aprendido a confiar en Él.

¡No creo que sea exagerado aprender una o dos lecciones de nuestro Padre Celestial cuando se trata de lograr que nuestros hijos nos escuchen!

 

Ya seas padre, maestro o desempeñes cualquier otra función de liderazgo en la vida de un niño, tu paciencia, amabilidad, sinceridad y capacidad para cumplir tu palabra les proporcionarán una seguridad en la que podrán confiar.

Cuando confiamos en las personas, las respetamos. ¡Les damos espacio para influir en nuestras vidas de una manera que quizá no le daríamos a aquellos en quienes no confiamos!

Rezo para que, si tienes dificultades para que los niños a tu cargo te escuchen, te tomes un tiempo para reflexionar y ver qué formas hay de generar confianza con ellos.

Parece algo insignificante, pero realmente puede marcar una gran diferencia.